Bores, Francisco
Francisco Bores (Madrid, 1898 – París, 1972) fue un pintor vinculado a la Escuela de París, cuya obra se caracteriza por una figuración depurada, de gran sensibilidad cromática y una progresiva reducción formal hacia una pintura lírica y esencial.
Obras
Fillette et nature morte, 1956
Óleo/lienzo 73x92 cm
Nature morte aux fruits, 1961
Óleo/lienzo
73x92 cm
Contre-jour rouge, 1958
Óleo/lienzo
81x100 cm
Baigneuses, 1957
Óleo/lienzo
100x81 cm
Biografía
Francisco Bores es una de las figuras clave de la modernidad pictórica española vinculada a París. Tras formarse en Madrid, se instaló en la capital francesa en 1925, donde entró en contacto con el ambiente artístico de la École de Paris y con figuras como Picasso, Matisse o Braque. A pesar de ese contexto tan estimulante, desarrolló un lenguaje propio, alejado de la ruptura radical de las vanguardias, más cercano a una modernidad silenciosa y depurada.
Su pintura parte de una figuración de raíz cezanniana, pero con el tiempo se va despojando de lo accesorio hasta reducir la imagen a relaciones de color, luz y equilibrio. Interiores, naturalezas muertas y escenas íntimas aparecen una y otra vez, tratados con una gran economía de medios y una búsqueda constante de armonía.
En su etapa de madurez, especialmente a partir de los años treinta y cuarenta, su obra se vuelve más ligera y luminosa. Las formas se suavizan, el espacio se vuelve más abierto y la pintura adquiere un carácter casi flotante, donde lo narrativo pierde peso en favor de una experiencia visual más poética. Hoy se le reconoce como un artista fundamental en la renovación de la figuración moderna en el contexto europeo.
Su pintura parte de una figuración de raíz cezanniana, pero con el tiempo se va despojando de lo accesorio hasta reducir la imagen a relaciones de color, luz y equilibrio. Interiores, naturalezas muertas y escenas íntimas aparecen una y otra vez, tratados con una gran economía de medios y una búsqueda constante de armonía.
En su etapa de madurez, especialmente a partir de los años treinta y cuarenta, su obra se vuelve más ligera y luminosa. Las formas se suavizan, el espacio se vuelve más abierto y la pintura adquiere un carácter casi flotante, donde lo narrativo pierde peso en favor de una experiencia visual más poética. Hoy se le reconoce como un artista fundamental en la renovación de la figuración moderna en el contexto europeo.