La Galería Jordi Pascual de Barcelona expone una selección de obras de Antoni Clavé (Barcelona, 1913 – Saint Tropez 2005) de los años 40 a los 60. Pintor y escultor, Clavé es uno de los representantes de la segunda Escuela de París y uno de los grandes del informalismo catalán. Empezó su carrera dedicándose al cartelismo y a la escenografía teatral, aunque su vida cambió cuando en 1939 tuvo que abandonar España y se instaló en París. Sus inicios fueron duros, en 1941 instaló su taller en Montparnasse y un año más tarde, nació su hijo Jacques; el nacimiento de su hijo generó una pintura muy intimista y familiar, como Janine et Jacques, de 1944, una obra en la que puede apreciarse la influencia de Vuillard y Bonnard, los nabis, con una pintura expresiva, con escenas cotidianas de recogimiento familiar, marcada por su decorativismo. Ese mismo año (1944), Clavé conoció a Picasso, que causó un fuerte impacto en el joven artista, que en ese momento tenía 31 años. La relación con Picasso le llevó a la búsqueda de nuevas técnicas, en las que llegó a ser un verdadero virtuoso. Clavé experimentaba constantemente con el collage y lo matérico, y empezó también con la descomposición de la imagen. En Bailarines, de 1945, es visible ya un cambio respecto a la etapa influenciada por los nabis; aquí vemos un Clavé muy expresionista, más austero en el colorido, con sus azules y negros, y con protagonismo de la mancha crómatica y del movimiento. En Femme à la plage, de 1946, el concepto de espacio y de perspectiva están ya completamente distorsionados.
Clavé tuvo una gran actividad en el mundo del teatro y del ballet; 1949 fue un año exitoso para el artista catalán, participó en el Salón de Otoño y realizó también decorados y figurines para Carmen, representada por los Ballets de París de Roland Petit. También realizó carteles para la compañía del famoso coreógrafo y bailarín, a quien estuvieron ligados también nombres como Picasso, Yves Saint Laurent… En los años 50, Clavé logró ya un franco reconocimiento; de esta etapa es Fillete au chat, de 1950, una pintura con sus típico colores rojo y negro, expresiva, barroca, que contrasta con Femme des Baleares, de 1954, un mismo tema mucho más austero en cuanto a color y en el que se ve que su manera post-cubista roza la abstracción, aunque la magistral interpretación post-cubista de Clavé es visible en Nature morte et poisson, de 1954.
Clavé ha sido uno de los artistas que ha dedicado parte de su obra a la ilustración literaria, concretamente a la obra de los poetas. Algunos de sus predilectos fueron Saint-John Perse, a cuya obra La Gloire de Rois Clavé dedicó sus trabajos, y Alexandre Pouchkine, poeta ruso, creador de la literatura rusa moderna, traducido por Merimée. Atraído por el mundo medieval de reyes, guerreros y caballeros, en los años 50, Clavé empezó su serie dedicada a la imagen del rey, que a lo largo de los años ha ido evolucionando desde una figuración expresionista hasta el collage y la abstracción. A esta iconografía propia, pertenece Roi à l’oiseau, de 1957. Clavé utilitzó ricas texturas, huellas, graffiti y trompe l’oeil, construyendo un mundo propio, a menudo inquietante, donde el hombre es el centro de toda preocupación existencial, que se ha convertido en una constante inconfundible en su obra.
Mar Fortuny
Revista Tendencias del mercado del arte, diciembre 2011
La Galería Jordi Pascual de Barcelona expone una selección de obras de Antoni Clavé (Barcelona, 1913 – Saint Tropez 2005) de los años 40 a los 60. Pintor y escultor, Clavé es uno de los representantes de la segunda Escuela de París y uno de los grandes del informalismo catalán. Empezó su carrera dedicándose al cartelismo y a la escenografía teatral, aunque su vida cambió cuando en 1939 tuvo que abandonar España y se instaló en París. Sus inicios fueron duros, en 1941 instaló su taller en Montparnasse y un año más tarde, nació su hijo Jacques; el nacimiento de su hijo generó una pintura muy intimista y familiar, como Janine et Jacques, de 1944, una obra en la que puede apreciarse la influencia de Vuillard y Bonnard, los nabis, con una pintura expresiva, con escenas cotidianas de recogimiento familiar, marcada por su decorativismo. Ese mismo año (1944), Clavé conoció a Picasso, que causó un fuerte impacto en el joven artista, que en ese momento tenía 31 años. La relación con Picasso le llevó a la búsqueda de nuevas técnicas, en las que llegó a ser un verdadero virtuoso. Clavé experimentaba constantemente con el collage y lo matérico, y empezó también con la descomposición de la imagen. En Bailarines, de 1945, es visible ya un cambio respecto a la etapa influenciada por los nabis; aquí vemos un Clavé muy expresionista, más austero en el colorido, con sus azules y negros, y con protagonismo de la mancha crómatica y del movimiento. En Femme à la plage, de 1946, el concepto de espacio y de perspectiva están ya completamente distorsionados.
Clavé tuvo una gran actividad en el mundo del teatro y del ballet; 1949 fue un año exitoso para el artista catalán, participó en el Salón de Otoño y realizó también decorados y figurines para Carmen, representada por los Ballets de París de Roland Petit. También realizó carteles para la compañía del famoso coreógrafo y bailarín, a quien estuvieron ligados también nombres como Picasso, Yves Saint Laurent… En los años 50, Clavé logró ya un franco reconocimiento; de esta etapa es Fillete au chat, de 1950, una pintura con sus típico colores rojo y negro, expresiva, barroca, que contrasta con Femme des Baleares, de 1954, un mismo tema mucho más austero en cuanto a color y en el que se ve que su manera post-cubista roza la abstracción, aunque la magistral interpretación post-cubista de Clavé es visible en Nature morte et poisson, de 1954.
Clavé ha sido uno de los artistas que ha dedicado parte de su obra a la ilustración literaria, concretamente a la obra de los poetas. Algunos de sus predilectos fueron Saint-John Perse, a cuya obra La Gloire de Rois Clavé dedicó sus trabajos, y Alexandre Pouchkine, poeta ruso, creador de la literatura rusa moderna, traducido por Merimée. Atraído por el mundo medieval de reyes, guerreros y caballeros, en los años 50, Clavé empezó su serie dedicada a la imagen del rey, que a lo largo de los años ha ido evolucionando desde una figuración expresionista hasta el collage y la abstracción. A esta iconografía propia, pertenece Roi à l’oiseau, de 1957. Clavé utilitzó ricas texturas, huellas, graffiti y trompe l’oeil, construyendo un mundo propio, a menudo inquietante, donde el hombre es el centro de toda preocupación existencial, que se ha convertido en una constante inconfundible en su obra.
Mar Fortuny
La Galería Jordi Pascual de Barcelona expone una selección de obras de Antoni Clavé (Barcelona, 1913 – Saint Tropez 2005) de los años 40 a los 60. Pintor y escultor, Clavé es uno de los representantes de la segunda Escuela de París y uno de los grandes del informalismo catalán. Empezó su carrera dedicándose al cartelismo y a la escenografía teatral, aunque su vida cambió cuando en 1939 tuvo que abandonar España y se instaló en París. Sus inicios fueron duros, en 1941 instaló su taller en Montparnasse y un año más tarde, nació su hijo Jacques; el nacimiento de su hijo generó una pintura muy intimista y familiar, como Janine et Jacques, de 1944, una obra en la que puede apreciarse la influencia de Vuillard y Bonnard, los nabis, con una pintura expresiva, con escenas cotidianas de recogimiento familiar, marcada por su decorativismo. Ese mismo año (1944), Clavé conoció a Picasso, que causó un fuerte impacto en el joven artista, que en ese momento tenía 31 años. La relación con Picasso le llevó a la búsqueda de nuevas técnicas, en las que llegó a ser un verdadero virtuoso. Clavé experimentaba constantemente con el collage y lo matérico, y empezó también con la descomposición de la imagen. En Bailarines, de 1945, es visible ya un cambio respecto a la etapa influenciada por los nabis; aquí vemos un Clavé muy expresionista, más austero en el colorido, con sus azules y negros, y con protagonismo de la mancha crómatica y del movimiento. En Femme à la plage, de 1946, el concepto de espacio y de perspectiva están ya completamente distorsionados.
Clavé tuvo una gran actividad en el mundo del teatro y del ballet; 1949 fue un año exitoso para el artista catalán, participó en el Salón de Otoño y realizó también decorados y figurines para Carmen, representada por los Ballets de París de Roland Petit. También realizó carteles para la compañía del famoso coreógrafo y bailarín, a quien estuvieron ligados también nombres como Picasso, Yves Saint Laurent… En los años 50, Clavé logró ya un franco reconocimiento; de esta etapa es Fillete au chat, de 1950, una pintura con sus típico colores rojo y negro, expresiva, barroca, que contrasta con Femme des Baleares, de 1954, un mismo tema mucho más austero en cuanto a color y en el que se ve que su manera post-cubista roza la abstracción, aunque la magistral interpretación post-cubista de Clavé es visible en Nature morte et poisson, de 1954.
Clavé ha sido uno de los artistas que ha dedicado parte de su obra a la ilustración literaria, concretamente a la obra de los poetas. Algunos de sus predilectos fueron Saint-John Perse, a cuya obra La Gloire de Rois Clavé dedicó sus trabajos, y Alexandre Pouchkine, poeta ruso, creador de la literatura rusa moderna, traducido por Merimée. Atraído por el mundo medieval de reyes, guerreros y caballeros, en los años 50, Clavé empezó su serie dedicada a la imagen del rey, que a lo largo de los años ha ido evolucionando desde una figuración expresionista hasta el collage y la abstracción. A esta iconografía propia, pertenece Roi à l’oiseau, de 1957. Clavé utilitzó ricas texturas, huellas, graffiti y trompe l’oeil, construyendo un mundo propio, a menudo inquietante, donde el hombre es el centro de toda preocupación existencial, que se ha convertido en una constante inconfundible en su obra.
Mar Fortuny